Estoy conmocionado, se acabó. Fue tan glorioso, tan hermoso, un tiempo lleno de experiencias como nunca antes en mi vida. ¡Cuánto la amé! ¡Cuánto la sigo amando!
Pero también ha llegado la hora de la verdad. La sobriedad de la vida. Muchas cosas no son gloriosas, la variedad también puede ser estresante.
Cuando uno llega a conocer a su pareja, salen a la luz cosas para las que no estaba preparado. No solo la pareja tiene esas profundidades, uno mismo también se da cuenta de repente de todo lo que aún duerme en su interior.
Solo quiero volver al puerto seguro. Llevo meses en alta mar, he visto y aprendido mucho, estoy muy agradecido, pero ahora toca preparar el barco de nuevo y quizás en unos años volver a recorrer el mundo. Por el momento, la calma y la concentración son lo único que importa.
Le di las gracias a mi Padre por todo, le pedí perdón por no poder continuar esta relación, me disculpé por todos los errores cometidos y por no poder seguir caminando por la vida con una de sus hijas.
Y entonces sucedió, ¿no escucho de repente las palabras: "No la conozco"?
Increíble, ella, que oraba cada día como nadie que yo hubiera visto antes.
En mi oración, el Espíritu que percibo me dice: "No la conozco".
¿Qué tan importante es esa frase para mí, simplemente desde mi perspectiva?
Espero lo mejor para ella y que le vaya bien.
Sin embargo, mi oración me preocupa un poco por ella.
Gracias por el tiempo que compartimos. Que ambos seamos libres rápidamente y que la próxima vez lo hagamos mejor.
