Damian Maxson
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Fe

Las importantes etapas hacia Dios

Encontrar a Dios es un proceso de desarrollo que se vuelve cada vez más cercano e intenso a través de diferentes etapas, y que fundamentalmente comienza con una cierta fe básica y el reconocimiento de la gracia.

Por Damian Maxson · 22 de julio de 2026 · 3 min de lectura
Las importantes etapas hacia Dios

Encontrar a Dios es un proceso de desarrollo que se vuelve cada vez más cercano e intenso a través de diferentes etapas.

Etapa 1: Fe | Gracia

La primera etapa que una persona debe recorrer es la de una cierta fe básica y el reconocimiento de la gracia —la comprensión de que Dios realmente existe.

¿Cómo se puede alcanzar esta etapa?

Muy sencillo: se habla con Dios, se le pide una señal y se le invita a la vida de uno.

Cuando se tiene la gracia de no estar demasiado cerrado o internamente desconectado, se percibe una gran gracia —y uno se da cuenta de que hay mucho más de lo que se puede imaginar.

Surgen sentimientos que nunca se habían experimentado sin drogas. Uno se siente como si flotara en las nubes, el cielo está lleno de violines —se podría bailar por la vida.

Más fuerte que el enamoramiento humano —una verdadera y misericordiosa felicidad.

Etapa 2: Prueba | Transformación

Instintivamente, después se siente más —porque Dios te hace más empático. Uno se siente mejor a sí mismo y comienza a trabajar en su interior. Las fuerzas internas se hacen conscientes. Todo ser humano lleva el bien y el mal dentro de sí —eso es parte de la condición humana. Tan pronto como Dios entra en la vida, se puede distinguir.

Ahora sigue la prueba. Naturalmente, uno solo quiere vivir en el bien y evitar el mal. Pero la tarea es desarrollar el bien y transformar el mal.

Esto debe hacerse con cautela. Se pueden liberar fuerzas tan poderosas que algunas personas quieren cambiar toda su vida de golpe. A menudo, el entorno se siente irritado —o los cambios son tan extremos que se pierde el equilibrio y uno cae de la etapa 2 de nuevo a una vida sin fe.

En esta fase, es importante mantener la calma y hablar todo con Dios. Se debe discernir qué espíritu está actuando realmente y buscar solo cambios buenos y bien pensados. Las ideas deben ser meditadas. Las decisiones importantes solo deben tomarse cuando se está 100 % seguro de que el espíritu que actúa es realmente el Espíritu Santo.

Este manejo debe aprenderse. ¿Cómo se aprende mejor? Ocupándose de contenidos que provienen de la fuente de Dios: mucha oración a Jesús —lo mejor es a diario—, lectura diaria de la Biblia (aunque al principio cueste), y permanecer lo más posible en el espíritu de Dios. También puede ser útil unirse a una comunidad o a profesionales cristianos. Así se puede alcanzar la siguiente etapa, y la cercanía con Dios se vuelve cada vez más profunda. Lo que al principio parece una lucha, poco a poco se convierte en paz y plenitud.

Etapa 3: Gratitud

Cuando haya pasado por los cambios más grandes, esté consolidado en el pensamiento y la oración, y se sienta internamente estable, cultive la gratitud diariamente. Agradezca a Dios o a Jesús por todo —cada día. Esta es una de las mayores fuerzas que conozco. Simplemente, al despertar, diga lo primero: "Dios, te doy gracias porque puedo vivir un nuevo día contigo".

La gratitud es un arma. Sospecho que es porque desencadena tanto positivo —y eso es muy sanador. Lo contrario —quejarse— empobrece a la persona y la convierte en un mendigo interior, si no se maneja con atención.

Una persona agradecida es una buena persona. Sus fuerzas internas están en equilibrio. Quizás aún no sea un ángel, pero se mantiene más fácilmente en el bien. En esta etapa, la paz se vuelve cada vez más sostenible, frecuente y hermosa.

Pero la tarea permanece: aprender a manejar los propios sentimientos —sin manipularlos con medios, hábitos o acciones sustitutivas.

Vivir significa enfrentarse a la condición humana —y con Dios formar un alma que un día pueda entrar donde ya no hay dualidad, sino paz perfecta.

Dios necesita nuestra vida para evaluarnos —y nos ayuda a alcanzarlo de la mejor manera posible. Solo tenemos que permanecer cerca de Él.

Etapa 4: Confianza

La etapa más importante —pero requiere tiempo. Quien puede confiar ciegamente en Dios, lo ha logrado. Una persona así ya no se preocupa, está completamente disponible para sus semejantes y se convierte en una luz visible en el mundo. Impresiona por su carisma.

En esta etapa, Dios nos regala todo lo que necesitamos —siempre y cuando no nos dañe y no pueda ser mal utilizado por nuestras debilidades.

Esas fueron las cuatro etapas —quizás descritas de forma sencilla y breve, pero así es como yo las percibo. Todavía me quedan unos días aquí —quizás descubra más etapas. Pero estas cuatro se han manifestado claramente en mi vida, y me esfuerzo por seguir creciendo en la etapa 4.

Gracias por todo, Dios Padre —Hijo y Espíritu Santo. Nuestro Dios trino, Creador de este mundo maravillosamente loco.

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