El llamado de Dios nos alcanza, incluso en la tormenta
«Pero Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis; y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová. Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave.»
«Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?»
La conexión
En el Antiguo Testamento, Dios envía una tormenta para mover a su profeta Jonás al arrepentimiento, cuando este huye de su encargo. Las fuerzas de la naturaleza sirven aquí como instrumento de corrección divina. Cristo, en cambio, en el Nuevo Testamento, demuestra su dominio directo sobre la creación al calmar la tormenta con una palabra. Él no es solo quien creó el mundo, sino también quien lo sostiene en su amor y, por su poder, trae paz donde reina el caos.
Meditación
Ayer vimos que la misericordia de Dios es más grande que nuestra ira o nuestras limitaciones. Hoy miramos a Jonás, quien intenta evadir este llamado. Huye de la tarea que Dios le ha encomendado y se dirige directamente a una tormenta. A veces, nosotros también intentamos eludir el plan de Dios para nuestra vida porque nos parece incómodo o tenemos miedo de las consecuencias. Pero el llamado de Dios es persistente y no nos suelta tan fácilmente.
La tormenta en la que Jonás se ve envuelto es una consecuencia directa de su huida. Dios usa las fuerzas de la naturaleza para sacudir a Jonás y recordarle su propósito. Es como si Dios dijera: 'Hablo en serio contigo y con mi plan'. Para nosotros, una 'tormenta' en la vida puede ser una crisis, un fracaso o una dificultad inesperada. Esos momentos pueden llevarnos a detenernos y preguntarnos: ¿Estoy todavía en el camino correcto? ¿Estoy escuchando la voz de Dios?
En contraste, vemos a Jesús, quien calma las tormentas con una palabra. Él no es el causante del caos, sino el portador de la paz. Mientras Jonás es forzado al arrepentimiento por la tormenta, Jesús ofrece protección y calma directas en medio de ella. Nos muestra que no necesitamos huir de Dios, sino que en Él mismo encontramos refugio y paz, sin importar cuán salvajes sean las olas que nos golpean. Su poder es nuestra esperanza cuando nos sentimos perdidos.
Oración
Señor, mi Dios, te doy gracias porque no me abandonas, incluso cuando intento seguir mi propio camino. A veces soy como Jonás, huyendo de tu voz o de tus planes porque tengo miedo o me parece demasiado. Por favor, perdona mi poca fe. Ayúdame a reconocer que tú estás presente incluso en las tormentas de mi vida y que quieres llamarme al arrepentimiento. Enséñame a escuchar tu voz y a confiar en ti, porque tú eres el Príncipe de Paz, a quien incluso el viento y el mar obedecen. Amén.
El hilo
Después de reflexionar ayer sobre la misericordia ilimitada de Dios, hoy vemos cómo Dios mueve a su profeta Jonás al arrepentimiento a través de una tormenta. Esto nos prepara para reconocer mañana cómo el llamado de Dios es accesible incluso en las profundidades más hondas.
Confía hoy en que Dios no te soltará ni en la tormenta y que puede darte paz.