Experimentar la fidelidad de Dios en el silencio
«Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.»
«Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.»
La conexión
Malaquías recuerda a los israelitas la fidelidad inmutable de Dios, incluso cuando ellos se han apartado de Él. Los invita al arrepentimiento, porque Él no cambia. Santiago confirma esta constancia divina y la amplía: Dios es el dador inmutable de todo bien, cuyo amor en Cristo obra una nueva creación que ya no puede ser derribada por el fracaso humano.
Meditación
Ayer vimos cómo Dios prepara el camino para su venida. Hoy, contemplamos su fidelidad inmutable. Malaquías se dirige a un pueblo que se ha alejado de Dios. Sin embargo, incluso en esta distancia, la promesa de Dios permanece: Él no cambia. Su amor no es caprichoso, sus promesas no son pasajeras. Este es un ancla en tiempos de incertidumbre.
El profeta llama al arrepentimiento porque Dios está dispuesto a volverse a ellos. Cuatrocientos años después, en el aparente silencio entre los Testamentos, esta verdad pudo haber sido olvidada. Pero entonces irrumpe el Nuevo Testamento y Santiago confirma: en Dios no hay mudanza, ni sombra de variación. Él es la roca inquebrantable, la fuente de todo bien, que nos hace nuevas criaturas por medio de Cristo.
Esta inmutabilidad de Dios no es una fórmula rígida, sino el fundamento de nuestra esperanza. Significa que su amor, su gracia y sus promesas son tan válidas hoy como lo fueron entonces. Aunque nos sintamos lejos de Él o el mundo a nuestro alrededor esté en constante cambio, Él permanece el mismo. Esto te da hoy sostén y la certeza de que puedes acudir a Él en cualquier momento.
Oración
Padre celestial, te doy gracias porque eres inmutable. En un mundo que cambia constantemente, tu fidelidad es mi puerto seguro. Tú eres el mismo ayer, hoy y por los siglos. Ayúdame hoy a confiar en que tus buenas dádivas provienen de ti y que me has llamado a una nueva vida por tu Palabra. Permíteme sentir tu amor y alinearme con él, para que pueda ser una primicia de tu creación que te honra y te sirve.
El hilo
Después de ver ayer cómo Dios prepara el camino, hoy reconocemos su fidelidad inmutable. Esta verdad nos sostiene a través del tiempo de silencio y nos prepara para la próxima semana, cuando la Palabra se hace carne.
La fidelidad de Dios es tu ancla. Confía en que Él no cambia y te ama.