¿No son tiempos difíciles? El mundo parece al borde del abismo.
Hemos llevado la fecha de caducidad de la Tierra tan lejos que uno puede sentir miedo y angustia.
En algunos círculos ya se vive un ambiente de fin de los tiempos. Si lo miramos con sobriedad y objetividad, realmente hay mucho que se está descontrolando: el coronavirus, el clima, los problemas entre Occidente y Oriente, tantos gobernantes que acaparan todo el poder, el miedo a una guerra nuclear justo después de la mayor pandemia que la humanidad haya experimentado.
Sí, se acumulan las dificultades como nunca antes.
¿Dónde encontrar apoyo en una situación así? Un lector inteligente no se sorprenderá, pero la respuesta es obvia.
En Jesucristo.
Aunque haya pasado de moda y para muchos sea solo historia, su mensaje y su obra, como una fortaleza que ha crecido a lo largo de los años, siguen siendo exactamente los mismos.
Él es la luz que vino al mundo para guiarnos a casa.
Sin escribir aquí una larga carta promocional, quien lo entienda, aunque sea un poco, tiene una perspectiva más fuerte que todos los problemas que pueden sumirnos en el miedo y el terror.
Surge entonces la pregunta: ¿cómo puedo entenderlo?
Muy sencillo: si entras en un monólogo con Él, le hablas y le pides que te ayude a entenderlo a Él y a entender la vida, esa será la mejor conversación que jamás puedas tener.
Haga como yo hice hace años: si no sirve de nada, no hará daño, pero sin duda siempre vale la pena intentarlo.
Simplemente diga estas palabras, en un tono normal y sereno, eso es todo:
Jesucristo, el nombre más grande que este mundo haya escuchado, si realmente existes, te pido, dame una señal, guíame, entra en mi vida y muéstrame la verdad.
Eso es todo. Luego, simplemente espere y vea, escuche y sienta lo nuevo que puede suceder en su vida.
