Trabaja, come y regocíjate en el regalo
«Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.»
«Así que no os afanéis, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.»
La conexión
El Predicador reconoce la alegría en el trabajo y el disfrute como un regalo de Dios para el ser humano en un mundo transitorio. Cristo amplía esta idea al disolver la preocupación por lo material. Él enseña que nuestro Padre celestial provee para todas nuestras necesidades si buscamos primero Su reino. La alegría de la vida se convierte así no solo en un regalo, sino en una consecuencia de la confianza en el cuidado de Dios.
Meditación
Ayer vimos cómo la transitoriedad nos enseña a acumular tesoros que perduran eternamente. Hoy, nos enfocamos en el aquí y ahora, en lo que se nos ha dado en esta vida fugaz. El Predicador nos anima a alegrarnos en el trabajo, a comer, a beber y a disfrutar de lo bueno. Él lo ve como un don de Dios, un pequeño oasis de alegría frente a la inconstancia. Es una invitación a no solo soportar la vida, sino a aceptarla conscientemente como un regalo.
Pero, ¿con qué frecuencia nos dejamos abrumar por las preocupaciones del mañana? ¿Qué comeremos, qué beberemos, cómo nos vestiremos? Estas preguntas pueden robarnos la alegría del hoy. Jesús nos recuerda que tales preocupaciones inquietan a los gentiles, a aquellos que no conocen al Padre amoroso. Él nos promete que nuestro Padre sabe lo que necesitamos y que Él se encargará de ello si establecemos nuestras prioridades correctamente.
No se trata de volverse inactivo o de vivir irresponsablemente. Se trata de tener la confianza de que Dios nos cuida mientras nos dedicamos a Su reino. Nos libera ver el don de la vida —el trabajo, las comidas, las pequeñas alegrías— como un regalo de Dios y disfrutarlos con gratitud. Así, en medio de la transitoriedad, podemos encontrar una alegría profunda y dada por Dios.
Oración
Padre celestial, te doy gracias por este nuevo día y por todos los dones que me concedes. Ayúdame hoy a encontrar alegría en mi trabajo y a disfrutar de las comidas como un regalo tuyo. Libérame de las preocupaciones del mañana que agobian mi alma. Permíteme confiar en que Tú conoces mis necesidades y proveerás para mí mientras busco Tu reino y Tu justicia. Que mi corazón esté lleno de gratitud por lo que es y de confianza por lo que vendrá. Amén.
El hilo
Después de reconocer la transitoriedad como maestra de lo valioso, este día nos guía a aceptar las alegrías de la vida como un regalo de Dios en medio de esa transitoriedad. Mañana profundizaremos en el libro de Eclesiastés y reconoceremos que incluso en el esfuerzo hay un propósito.
Disfruta hoy de los dones de la vida como un regalo de tu Padre amoroso.