Damian Maxson
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Vida

Crisis en el nombre del Señor

¿Es posible entrar en crisis a pesar de estar conectado con Dios día a día? Muchas personas pueden hacerse estas preguntas, pues la vida tiene leyes claras que nos rigen a todos.

Por Damian Maxson · 22 de julio de 2026 · 4 min de lectura
Crisis en el nombre del Señor

¿Cómo es posible? ¿Cómo se puede entrar en crisis si uno está conectado con Dios?

Imagínese que vive cada día en conexión, en oración con Dios. Él es el centro de todo y, aun así, ¿se desliza hacia una crisis?

¿Cómo puede ser? No tiene sentido. ¿Es siquiera posible? ¿Por qué, cómo, qué pasa?

Muchas personas pueden hacerse estas preguntas; la vida tiene leyes claras que nos rigen a todos. La diferencia radica solo en quién las entiende mejor, peor o no las entiende en absoluto.

¿Cómo llega la crisis, a pesar de que uno está conectado con Dios, el Espíritu Santo y el Origen a través de la oración, y debería estar a salvo?

La respuesta sencilla es que la vida no es tan fácil. Dios y la oración, Jesús, son el centro de todo, lo más importante. La oración diaria ayuda a estabilizar el espíritu y a tomar mejores decisiones. Sin embargo, una cosa es la teoría y otra la práctica.

En la práctica, somos guiados por Dios y el Espíritu Santo. Pero no como nosotros nos lo imaginamos, sino de la manera que es mejor para nosotros.

Sin andarse con rodeos, uno puede entrar en crisis a pesar de la oración; simplemente ha mantenido la conexión, pero en la práctica no se ha comportado correctamente.

Muchas oraciones surgen de deseos y necesidades. Pero lo que realmente es bueno para nosotros puede ser algo completamente diferente en la vida.

Debemos actuar exactamente como corresponde al Espíritu de Dios. Si solo nos bañamos en la oración y el amor de Dios, pero aun así actuamos de manera egoísta y equivocada, la vida nos dará una lección. Independientemente de la teoría, la práctica nos corregirá.

Si está en una crisis, solo hay una salida: debe hacer un análisis claro de por qué está donde está y qué puede hacer para no volver a esa situación.

Dios a veces nos educa con tareas para que mejoremos y nos fortalezcamos. Esto puede ser doloroso, pero al final crecemos con ellas y las tareas pueden mejorar.

Pero quien no reconoce las señales en la crisis en la que se encuentra, volverá a caer en nuevas situaciones y estas pueden empeorar. Debemos ser honestos con nosotros mismos, ir al principio y reconocer qué nos llevó allí, qué podemos hacer para liberarnos de esta situación difícil.

Este proceso de análisis, de encontrar la salida, se puede hacer muy bien en la oración. Todas las preguntas abiertas, todos los miedos, se pueden presentar a Dios en oración y las respuestas ayudan, aunque sea doloroso, a encontrar la salida y, lo que es más importante, el punto de inflexión, el comienzo de algo nuevo.

En realidad, quien se mantiene en la verdad, pronto se dará cuenta de que incluso lo malo es muy importante en la vida, e incluso que podemos crecer más con lo malo que con lo bueno.

Con Dios o sin Dios, el sol brilla sobre todas las personas, las leyes son las mismas para todos. Y, sin embargo, en la oración y en la conexión con el Espíritu Santo y Jesús, tenemos todo en nuestras manos para seguir el mejor camino posible en la vida.

Dios es amor, y quien está en Dios, está en el amor. Esta fuerza ayuda a soportar la dureza de la materia hasta el punto de poder ser un ejemplo para los demás.

Estamos hechos para mejorar, sirviendo a la vida; si hacemos esto, lo hacemos bien, generalmente a través de nuestros semejantes, con tareas, servicios y cosas significativas en nuestro entorno, hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Es poco probable que se trate de hacerse rico sin preocupaciones, de satisfacer todas nuestras necesidades en abundancia y de estar solo en lo mejor de lo mejor, reprimiendo todo lo malo y negativo.

En resumen y en una frase: Ore sin cesar y haga el bien, sea agradecido y mantenga su egoísmo a raya, entonces habrá menos dolor, no necesitará pintar al diablo en la pared y el alma estará mejor servida.

Como ya he escrito en otras ocasiones, la moneda más importante y verdadera en nuestra vida es el alma buena, el verdadero sentido de la vida.

En este sentido, deseo a todos en cada crisis el mayor crecimiento posible y que se abra el camino para una vida aún más agradecida en el nombre del Más Grande, Jesucristo el Redentor, quien ya cargó con todos nuestros dolores y miedos por nosotros, y así nos abrió el camino en el Gólgota.

Cada uno experimentará su Gólgota personal, prácticamente nadie uno tan duro como Jesucristo; él pagó el precio más alto por nosotros y con la Resurrección nos muestra el camino a casa.

Él es el camino, la verdad y la vida.

Así sea.

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